
Introducción
En la actualidad, los productos lácteos constituyen una parte muy
importante de los alimentos ingeridos por los humanos. La leche de vaca
suele ser considerada como el alimento más simple y nutritivo para todas
las edades, idea que forma parte de una tradición familiar: A nuestros
padres se les inculcó que el consumo de lácteos es bueno para la salud.
Es por ello que se recomiendan grandes cantidades del "alimento
perfecto" con el fin de satisfacer un buen crecimiento en los niños y
jóvenes. Asimismo, las personas adultas -especialmente las mujeres- son
"seducidas" por la publicidad y por supuestos expertos en el campo
médico, quienes sostienen que ingerir productos lácteos previene y
elimina la osteoporosis.
La leche es un alimento que sólo producen los mamíferos -o sea,
aquéllos que poseen mamas- , incluidos los seres humanos. Las hembras de
cada especie poseen glándulas mamarias mediante las cuales alimentan a
sus crías. El único objetivo es el de proporcionar un rápido crecimiento
a las crías, y sólo hasta que éstas alcancen el peso adecuado. Los
requerimientos varían de acuerdo a la especie en cuestión. Además cabe
aclarar que ningún animal vuelve a consumir leche una vez destetado,
excepto nosotros. No sólo el consumo de leche y sus derivados se alarga
durante toda nuestra vida, sino que además estamos consumiendo la leche
proveniente de y destinada a otra especie. Los animales más explotados
para satisfacer este propósito son las vacas, con más de un 90% de la
producción total. También se comercializan -pero en ínfima cantidad-
leches de otros mamíferos, como por ejemplo cabras, búfalos y ovejas.
Los lácteos de mayor consumo son la leche, quesos, yogures, helados y
manteca. También existen cientos de productos elaborados a partir de los
lácteos, como galletitas, chocolates, tortas, dulces, etc. Atrás
quedaron las granjas familiares que producían leche de manera más simple
-sin que por esto deje de ser perjudicial-. Hoy en día ésta es sinónimo
de una serie de procesos industriales que nada tienen que ver con el
supuesto producto "natural".
Nos cuesta creer que los lácteos son causa de muchas enfermedades,
como lo señalan los expertos en medicina preventiva. Su prédica no
trasciende ni trascenderá en los medios masivos de comunicación debido a
los grandes intereses comerciales en juego.
A continuación se detallan los problemas de salud relacionados con el
consumo de productos lácteos. Ante cualquier duda, consulte a un médico
o terapeuta nutricional con experiencia en nutrición vegana.
Aclaración previa: Hay que tener en cuenta que no sólo los
productos lácteos son los responsables de éstas enfermedades. Hay otros
factores responsables como el estrés, la predisposición genética, los
nervios o el medio ambiente en el cual vivimos.

Diabetes Insulino-Dependiente
La diabetes es una enfermedad en la que se acumula glucosa -azúcar
simple- en la sangre. Este azúcar normalmente proviene del almidón que
contiene la dieta y de las moléculas almacenadas en el hígado, las
cuales nos proporcionan energía cuando la necesitamos. En nuestro país
afecta alrededor de 2 millones de personas. De ellas, la mitad no sabe
que la padece, sea por no presentar síntomas o por tenerlos y no saber
reconocerlos como tales.
La hormona insulina actúa protegiendo las células del cuerpo.
Acompaña al azúcar hasta el interior de cada célula. Sin embargo cuando
una persona padece diabetes, la insulina no realiza su función de manera
adecuada y sólo se acumula en la sangre. Al existir gran cantidad de
azúcar en la circulación sanguínea, parte de ella atraviesa los riñones
y llega a la orina.
Existen dos tipos de diabetes, la insulino-dependiente (tipo 1, o
iniciada en la infancia) y aquella denominada no insulino-dependiente
(tipo 2, o iniciada en la edad adulta). En el primer caso, se debe a una
fuente inadecuada de insulina, por lo que son necesarios medicamentos o
inyecciones de insulina. En el otro caso existe no sucede lo mismo, ya
que existe una gran cantidad de insulina en la circulación sanguínea de
la persona afectada, pero las células no responden fácilmente a ella. El
azúcar no puede entrar fácilmente en las células, y se sostiene en la
sangre.
En el corto plazo, las personas diabéticas pueden experimentar
episodios de respiración dificultosa, vómitos, y deshidratación. A largo
plazo, corren el riesgo de contraer enfermedades cardíacas, problemas de
riñón, desórdenes en la vista, y otros problemas.
Estudios epidemiológicos y empíricos demostraron que el consumo de
grandes cantidades de leche de vaca durante la infancia, puede
incrementar el riesgo de desarrollar diabetes insulino-dependiente en
los niños con predisposición genética.[9] El problema se encuentra
puntualmente en las proteínas de la leche. Estas provocan que el sistema
inmunológico del cuerpo ataque y destruya a las células productoras de
insulina en el páncreas, dejando a nuestro organismo incapacitado -sin
insulina- para convertir el azúcar en energía.[10] Lo preocupante es que
estos anticuerpos pueden formarse aún consumiendo pequeñas cantidades de
productos lácteos.
Un trabajo realizado por un grupo de investigadores de la Universidad
de Helsinki (Finlandia), analizó la presencia de anticuerpos contra la
insulina y su relación con la exposición a la leche vacuna. La
experiencia tomó en cuenta a 142 niños con un familiar afectado por la
diabetes del tipo 1. Se determinó que en el 100% de los casos existían
mayores niveles de anticuerpos que lo normal. Estos fueron encontrados
en un fragmento de una proteína láctea llamada "albúmina del suero
bovino". Los niños que no padecen diabetes suelen tener estos niveles,
pero en cantidades mucho más inferiores.[11]
Dejar de consumir productos lácteos en la infancia puede ser muy
beneficioso. En junio de 1992, La American Academy of Pediatrics
Committee on Nutrition recomendó que la leche de vaca no es conveniente
como una alternativa a la leche materna durante el primer año de vida.
Se ha descubierto que los anticuerpos contra la beta-caseína están
presentes en más de un tercio de los pacientes con diabetes del tipo 1.
Sin embargo, relativamente no existen en individuos sanos. Las proteínas
de la leche vacuna desempeñan un papel muy importante en la patología de
la diabetes.[12]
La diabetes no insulino-dependiente puede ser controlada, y a veces
curada. La clave es el ejercicio diario y una alimentación a base de
vegetales. La dieta vegana es baja en grasas pero tiene la ventaja de
ser rica en fibras y carbohidratos complejos. Esto permite una acción
más efectiva de la insulina, con un control más fácil de los niveles de
azúcar en la sangre. En la diabetes insulino-dependiente, esta dieta no
elimina la necesidad de inyectar insulina, pero permite reducir la
cantidad de este medicamento.
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